La capacidad de perder y no cambiar las decisiones

Hay un problema en mí: desaprender. En 2013, me topé con la frase: “aprende a perder a la gente como si se te cayeran diez peniques del bolsillo”. Sí, los había. Sí, ya no". Desde entonces, esa frase se ha instalado firmemente en mi cabeza y muy a menudo me doy cuenta de ello cuando la gente desaparece de repente.

La sinceridad, como ya he escrito antes sobre ella, hace tiempo que está en desuso, es más bien sospechosa. Al fin y al cabo, lo que merece respeto es el deseo/la falta de voluntad de cada uno. Perder, olvidar... no, no recordar. Supongo que mi dificultad es que no consigo dar una definición adecuada para mí de este proceso... acción.

Desear y tratar de demostrar tu sinceridad y “soy bueno” es una pérdida de tiempo inútil y una devaluación de ti mismo. ¿Por qué vuelve la gente una vez que ha decidido marcharse?

Realmente es habilidad, carácter y fuerza de voluntad no cambiar de opinión. Dicen: “cuando te vas, te vas”... y si apareces a partir de ahora, no vales para nada.

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