Las palabras. La gente tiene actitudes radicalmente distintas ante las palabras, hasta el punto de resultar gracioso. Pero si esta “medalla” no tuviera otra cara, estaría bien. Sin embargo, una vez dicha, es aceptada, recordada por una persona. Se puede confiar en sus palabras y contar con ellas. De hecho, incluso el comportamiento de una persona puede cambiar. Y tú tienes: “Bien dicho, y qué”.
A algunas personas les cuesta decir la hora del encuentro, para no defraudar a la persona si se rompe de repente. Otros dicen “te quiero” como deseo de buenos días... formalmente, pero no a los ojos. Al mismo tiempo, estos últimos se las arreglan para quejarse de las promesas que se les hacen.
El clásico esquema de “tirar de las palabras” como forma de manipulación no funcionará conmigo. Soy muy cuidadoso con las palabras que digo. Promesas hechas por mí... Incluso decir “buenos días” fuera del formato de un “buenos días” estampado de todos los que me rodean... por no hablar de más.
Ser el niño que gritó “Lobo” o no serlo, cada uno, por supuesto, decide por sí mismo. Sólo en este caso, aceptar la igualdad de trato de los demás. Hoy ya no es necesario esconderse tras la identidad de género, el color del pelo, refiriéndose al olvido. Basta con ser capaz de admitir un error.