No sé qué me pasa últimamente, pero sonrío más a menudo. Así, sin más... en el vacío. Una sonrisa que simplemente aparece en mi cara. No hay ocasión ni destinatario. Y lo que más me asombra de mí misma es el aumento de las ganas de decirle al cielo que soy feliz. Eso es “feliz”, no “sentirse feliz”.
Sin embargo, una sensación que surge es que cada día soy más feliz, aunque no creo que esa palabra tenga grados comparativos.
No sé por qué no pude experimentar algo así antes, teniendo más. Al parecer, no se trata de cantidad, calidad y “mejor”, sino de oportunidades que uno quiere compartir sin las ataduras del “deber”.
Dando un nuevo paso adelante, una y otra vez, paso la línea de no retorno. Antaño, estos pasos eran en momentos muy, muy amplios: saltos. Hoy, milímetro a milímetro, pero sólo hacia adelante. ¡Y eso sin opciones! ¡Es el único camino!