Si quieres hablar de felicidad, hablemos de felicidad, aunque este concepto es tan doble... Por alguna razón he querido empezar este post con un verso reelaborado de un precioso poema de Tatiana Korsunova. Y en efecto, hacía mucho tiempo que no razonaba y escribía sobre sentimientos, emociones y relaciones....
Entre otros, los bellos, fuertes y queridos son aquellos a los que no podemos dar definiciones. Como se hizo con éxito en la película “The Alekseev Movie”, donde la definición del amor es, en mi opinión, extremadamente precisa.
¿Qué hay de la definición de “felicidad”? Parece cierto que ciertas emociones y sentimientos son algo muy subjetivo. Para una persona algo es malo, para otra - bueno. Pero sigo insistiendo en la universalidad y objetividad de las definiciones para excluir dudas y la posibilidad de contraargumentos.
Cualquier sentimiento no puede expresarse en forma material, porque todo lo material tiene unas características claras, un precio. ¡Los sentimientos sinceros no tienen precio! La felicidad no es un coche, una dacha o el nacimiento de un hijo... La felicidad no se puede tocar ni ver, ¡pero la felicidad se puede pronunciar!
El momento en el que dejas de sentir el suelo bajo tus pies y una sonrisa aparece en tu rostro y “soy feliz” sale de tus labios: la verdadera felicidad. Es un momento, un instante que no puede ir acompañado de ningún acontecimiento. No es un hecho, sino una emoción... un sentimiento que te embarga tanto que no tienes fuerzas para aferrarte al “soy feliz”.
Sé feliz más de una vez y por una razón, ¡pero de repente! ¡Feliz de vivir!